Después de haber
creado Dios la infraestructura de la Tierra, hizo de ella un bello y delicioso
jardín, con toda clase de plantas, árboles frutales, animales, aves y peces.
Este jardín era regado por cuatro ríos. Y allí puso a Adán y Eva para que lo
cuidasen y cultivasen.
Dios creó el
universo y todo cuanto en él existe. La Tierra es el único planeta del sistema
solar, con sol, atmósfera, agua y vida. Sólo en
la Tierra se pudo hacer un bello jardín.
Y Dios sembró en el medio del jardín el árbol de la vida. Y
también sembró el árbol de los frutos del conocimiento del bien y del mal.
Conocer, en
hebreo, es tener relaciones sexuales; cuando el ángel Gabriel le dice a María que va a tener un hijo, ella
le contesta “como es posible si no conozco varón”. Un árbol siempre está en
pie; El hombre camina de pie. Lo puso en
medio del jardín, que es la parte
privilegiada; es lo principal, al que van a quedar sujetos, animales, plantas y
todo lo que hay sobre la Tierra. Desde el medio del jardín, el que tiene vida
puede darla a sus descendientes, porque la vida se transmite por procreación. Adán
y Eva son el árbol de la vida.
Los frutos son
vistosos, agradables al paladar y de apariencia deliciosa. Sólo un árbol bueno da frutos buenos y un árbol malo da frutos malos,
pero no hay árbol alguno, que de buenos y malos frutos a la vez.
Pero el hombre, que
es como un árbol, tiene los dos frutos, el bueno y el malo, por diseño. Adán y
Eva tienen la cara y los genitales por delante, agradables y deliciosos, y por
atrás Adán y Eva son iguales, tienen un fruto agradable a la vista y que parece
ser delicioso ¡pero no lo es! porque por él pasa el excremento venenoso que no
sirve para procrear.
El conocimiento es del
fruto del bien, si se usan los genitales correctamente y es del fruto del mal,
si se usa el recto como vagina. Por ahí sale el excremento, sustancia
maloliente, lleva lo que ya no sirve, lleno de toxinas, bacterias, virus,
gusanitos, venenos y deshechos.
Hay un permiso: Come
si quieres del fruto de todos los árboles del paraíso. Y una prohibición: pero del fruto del árbol del conocimiento del
bien y del mal no comeréis, porque si comieres de él infaliblemente moriréis.
El fruto del mal, al
que ni siquiera debemos mirar, nos trae enfermedades como la gonorrea, chancro,
sífilis, sida, herpes y muchas otras de las llamadas venéreas, que son de
difícil curación y que generalmente e infaliblemente nos llevan a la muerte,
aunque no nos maten de inmediato.
Cuando Dios fue a buscar
a Adán y Eva después del almuerzo, estos se escondieron y se excusaron alegando
que estaban desnudos, lo cual no era cierto; el taparrabo de hojas de higuera
que se habían colocado para , para
cubrir el pene embarrado e infectado de Adán y el trasero embarrado y sangriento
de Eva los delataba. ¡Habían “conocido” el fruto del mal que les estaba prohibido! Adán dijo: “la
mujer que me diste por compañera me invitó diciendo que era agradable”. Eva
dijo: “el muy astuto Satán me engañó”.
Este misterio de la
creación, se prolonga en el Éxodo, cuando nos dice Dios en sus diez
mandamientos “no fornicar” para no caer en el pecado de Adán y Eva. Pero para
procrear hay que fornicar. Y se entiende ahora, en estos tiempos de crisis de
sobrepoblación, que este mandato, sirve para controlar el crecimiento de la
humanidad. Si dos nacen y dos mueren, la población permanece estable y se puede
programar, lo que se produce y lo que es necesario para la vida, con lo cual se
vive absolutamente mejor con Dios. La China después de millones de años está de
acuerdo con el mandamiento de Dios y dicta la misma ley: “Para estabilizar la
población debes tener dos hijos, luego debes fornicar dos veces”. Paradogico
resulta el hecho de que quienes no creen en Dios, promulgan la ley de éste. Este
mandamiento también nos llama a todos a ser castos y puros, porque fornicar
sin procrear, es hacer el acto sexual
sin beneficio.
Descansen hermanos y
no estén buscando donde estuvo el paraíso. El
paraíso es toda la Tierra. Ni tampoco busquen el árbol de la vida, ni el
árbol de los frutos del conocimiento del bien y del mal, porque ese árbol es el
mismo ser humano.
Esto lo dijo Dios así, para que
mirando no vean y escuchando no oigan.
Arturo Cornejo Barreda
Lima, 30 de abril del 2016.
Nunca lo habia pensado asi, no quiero decir que estoy en desacuerdo porque mis argumentos aún no son 100% estudiados, pero gracias.
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